Celebration of Hope

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Fuera de la catedral de St. Stephen, los fans de la Eurocopa 2008, envueltos en banderas y cubiertos de divertidos sombreros no paraban de hablar del próximo partido. Sin embargo, dentro de la catedral, la fiebre entusiasta mostraba una cara bien distinta. Los seguidores de Jesús estaban “celebrando la esperanza” guiados por jóvenes con las banderas de los países participantes en la Eurocopa. Simularon una batalla llamada “ganadores y perdedores”, en que uno por uno iban cayendo los países hasta que solamente quedaron Alemania y España frente a frente.

Misioneros de corto plazo haciendo evangelismo en las calles usaban chalecos rojos para distinguirse como parte de una actividad oficialmente reconocida de la Copa Europea.

De repente, dos hombres cargados con una gran cruz de Madera saltaron al escenario y, mientras la colocaban, España y Alemania caían ante ella. Todo el mundo se levantaba y se abrazaba a los pies de la cruz. El mensaje, como ya señalaba el programa: “todos vamos a la cruz como perdedores, pero la Resurrección nos hace ganadores”.

Esta representación captaba el espíritu evangelístico de la Eurocopa. Creyentes procedentes del amplio espectro del Cristianismo, trabajando juntos para hacer llegar el evangelio a las decenas de miles de fans que inundaban las calles de Viena.

Estos creyentes se unieron bajo la bandera de “Christen am Ball”, una organización formada especialmente para la ocasión. Entre otras cosas había evangelización personal, conciertos, teatro, actividades infantiles y “pases públicos” dónde la gente podía reunirse a ver el partido y hablar de Cristo. Los evangelistas callejeros repartieron 30.000 pitos (a los fans del futbol les encanta hacer ruido) y 70.000 periódicos con testimonios de futbolistas. Un equipo de Atletas en Acción de Irlanda del Norte organizó talleres y jugó con equipos locales.

Atletas en Acción jugó un importante papel organizativo. Wolfang Sutter, el director de AIA en Austria, viajó por todo el país para movilizar a las iglesias y animarlas a organizar pases públicos; también enseñándoles a hablar de Cristo con los no creyentes. Unas 120 iglesias se animaron a organizar pases públicos. Wolfang nos cuenta que “fue algo muy especial el ver que la iglesia empieza a comprender el concepto de la evangelización a través del deporte”.

De regreso a Viena, hubo unas 240 personas procedentes de una docena de países y de distintos grupos cristianos, que se dedicaron a salir a la calle a hablar con la gente. Bruce Clewitt, director de JCUM en Austria comentaba a las personas que se dedicaban a la evangelización que “estaba impresionado por lo abierta que estaba la gente al evangelio”. Por ejemplo, había un grupo de unos 60 hooligans polacos que habían venido a Viena armar jaleo…pero Dios tenía otros planes. El líder se encontró con uno de los equipos evangelísticos y entregó su vida a Cristo.

Durante la celebración de la esperanza, los lazos simbolizan que somos uno en Cristo.

Los planes iníciales incluían un acto final en una enorme plataforma al aire libre, “la milla de los fans”. Aunque ya se había obtenido el permiso oficial para el acto, la policía revocó dicho permiso en el último momento por problemas de seguridad, forzando a Wolfang y los demás organizadores a confiar en Dios y buscar lugares alternativos a prisa y corriendo.

Unidos por la cruz

La iniciativa de esta ciudad tiene sus raíces en las relaciones desarrolladas entre líderes individuales de las Iglesias y organizaciones de Viena. Durante más de una década, cada mes se han estado reuniendo en una “mesa redonda” creyentes procedentes de iglesias independientes, iglesias de tradición protestante y de la iglesia católica. Según Clewitt, sin pasar por alto las diferencias teológicas, sino debatiendo abiertamente sobre ellas; con puntos de acuerdo.

“Podemos ponernos de acuerdo en la cruz”, nos cuenta Dietrich Fisher-Dörl, líder de los jóvenes bautistas en Austria. “Es lo que nos une”.

Antes de la celebración de la esperanza, Wolfgang asiste a una reunión de dignatarios de la ciudad, dónde tiene ocasión de hablar con el futbolista austríaco Christian Keglevits y su esposa. Ha estado 10 veces en la selección austríaca, es creyente y apoya e trabajo de AIA.

Su acuerdo en torno a la cruz y el debatir abiertamente las diferencias ha provocado en estos hermanos una profunda confianza mutua. Como resultado, las iglesias vienesas que representan han estado dispuestas a dar un paso de fe y evangelizar de forma conjunta; no sin sus dudas.

Ya se habían organizado servicios religiosos conjuntos con anterioridad, pero nunca una verdadera iniciativa evangelística. Se tuvo que llegar a acuerdos en distintos temas, como por ejemplo, a qué iglesia iban a ir los nuevos creyentes.

Tampoco estaba todo el mundo de acuerdo en el concepto de trabajo conjunto. “En todos los grupos principales, es decir, católicos, luteranos y evangélicos, hay personas contrarias a la cooperación” – dice Walter Bösch, un pastor evangélico de Christen am Ball. “Pero hemos sentado un fundamento teológico sobre el que estar de acuerdo: acordamos no luchar entre nosotros.”

“Juan 16 dice que el mundo creerá si somos uno” – dice Wolfang. “Es un verdadero escándalo que no trabajemos juntos, sobretodo en Europa Occidental. Las iglesias son como islas en el mar de los no creyentes. Estas islas deberían estar en contacto y trabajar conjuntamente para tener un impacto.”

“Queríamos llevar el nombre de Jesús a la ciudad” – nos explica Bösch – “no como iglesia, sino como cristianos que aman a Jesús. Queremos decirle al país que estamos aquí, que tenemos un mensaje y que queremos que se unan a nosotros.”

Vida spiritual en Viena

Este es un mensaje que el país debe oír. “Viena es menos del 50% cristiana”- dice Fr. Michael Scharf, encargado de la labor pastoral de la diócesis de Viena. “Eso incluye a los católicos no practicantes. Quizás solamente un 3% sean creyentes. Pero el clima espiritual está cambiando.”

El cardinal Schönborn entra en la catedral de St. Stephan bajo un palio de banderas de los países participantes en la Eurocopa 2008.

Scharf nos sigue explicando que en los años 70 y 80, una generación entera de austríacos decidieron no creer en Dios. Rechazaron por completo lo espiritual. Pero ahora, sus hijos ya han crecido y no saben nada de Cristo. “La gente de hoy sabe tan poco acerca de la fe” – dice Scharf – “que nos escuchan. Eso no significa que estén dispuestos a entregar sus vidas a Jesús, pero lo encuentran interesante”.

En Viena, mucha gente se dio cuenta de que los cristianos estaban hablando. “Cuando los periódicos se enteraron que la policía había prohibido el acto de clausura de los cristianos en “la milla de los fans””- dice Bösch – “les supo mal, ya que vieron que lo que hacíamos estaba muy bien.”

La celebración final se hizo en la catedral y fue televisada, pero ninguna cámara pudo captar el espíritu del momento. Había sillas por todas partes y, aunque algunas estaban vacías, la mayoría estaban llenas de seguidores de Jesús. Los turistas se acumularon en los aledaños. Canciones como “¡Cuán grande es Él!” resonaban por lo alto de los arcos góticos del techo.

“¡Vaya momento histórico!” pensaban muchas personas. Jamás habían trabajado conjuntamente cristianos procedentes de tan amplio espectro para presentar el evangelio. “No es siempre fácil hacer este tipo de cosas juntos” – dice Michael Scharf – “pero es posible. Esto es algo que tenemos que compartir en Europa.”

Walter Bösch

“Experimentamos un maravilloso espíritu de unidad por una causa” dice Walter Bösch, “la de dar a conocer un poco más el nombre de Jesús en nuestra ciudad y nuestro país.”

Michael Scharf

“Tenemos células, reuniones de oración y nos gusta la Palabra de Dios” dice el hermano Michael Scharf al describir la comunidad Cristiana en que vive. “Se trata de una nueva realidad en la historia de la iglesia; no estamos construyendo una iglesia, sino reuniéndonos como cristianos”.

Günter Ludwig

“No se trata de olvidar las diferencias” dice Günter Ludwig, presidente de la Alianza Evangélica de Viena, “sino de recordar simplemente que todos pertenecemos a un mismo Señor.”

Gerald Wakolbinger

“Entre nosotros hay unidad porque creemos que Jesús es la base de nuestra unidad” dice Gerald Wakolbinger, director de evangelismo de la iglesia luterana austríaca. “La gente de la calle están sorprendidos y les hace estar más abiertos a nuestro mensaje”.